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La boquilla

La boquilla es ese accesorio que utilizamos los instrumentistas de viento y que, en la mayoria de los casos, nos produce una cantidad incontable de dudas y dolores de cabeza.

La mayoria de veces, cuando el interesado encuentra una boquilla con la que se siente cómodo y le soluciona problemas deja de buscar. Pero hay quien piensa que siempre podrá encontrar una boquilla con la que tocará mejor y más a gusto, y por eso nunca deja de buscar la boquilla perfecta. Solo hay un problema:

La boquilla perfecta no existe. Como tampoco existe la tuba perfecta, la moto perfecta, el hombre perfecto o la mujer perfecta. Así de simple.

Lo más parecido a la boquilla perfecta es La boquilla que te va bien a ti. Y para saber cómo te va bien a ti hay una serie de cosas a tener en cuenta:

  • No provoca cansancio al tocarla y resulta cómoda.
  • Produce un sonido rico, lleno y claro.
  • Facilita el picado y los pasos de nota (flexibilidad).
  • No emite sonidos extraños al tocar.

El mejor sistema para encontrar La boquilla que te va bien a ti es probando la mayor cantidad posible de boquillas. Si es posible las probaremos todas a la vez, para poder apreciar las diferencias entre unas, intentando tener al menos una persona de confianza que pueda escucharnos y darnos su opinión. Empezaremos probando boquillas muy diferentes entre sí para poco a poco ir descartando las que no nos funcionan y quedarnos con las que tienen características similares (profundidad y forma de la copa, medidas del aro, etc…). Próximamente profundizaremos en ello.

Mientras tanto os dejo con Jon Sass y su boquilla.

Idioma Universal

Hemos oido muchas veces aquello de que la música és el lenguaje universal. Puede ocurrir que de tanto escuchar esta afirmación la acabamos aceptando sin más, sin pensar un momento por qué se dice que la música es el lenguaje universal.

Todos los veranos acostumbro a pasar mis “vacaciones” tocando en orquestas jóvenes. Desde hace varios años lo hago en orquestas internacionales: primero fue la Lucerne Festival Academy y desde hace dos años la Maribor International Orchestra.

En estas orquestas he tocado con gente de una gran cantidad de paises de todos los continentes -a excepción de la olvidada y maltratada África-, cada uno con su cultura, sus costumbres y su idioma, claro.

Generalmente el idioma que se utiliza para comunicarse en estas orquestas es el inglés por ser la lengua más extendida y estudiada, de manera que con más o menos soltura y pericia y con la ayuda de la mímica nadie se queda sin hacerse entender, aunque a veces sea un verdadero juego de mímica.

Otra cosa muy distinta ocurre sobre el escenario: Cuando la orquesta toca junta no hay diferencias de idioma, culturales ni de costumbres; cada uno da lo mejor de sí mismo y el resultado es fruto del esfuerzo conjunto. Pero la cosa no acaba aquí, porque la música transmitirá emociones a todos los espectadores, sin tener en cuenta otra forma de expresión que la música misma.

Alguien podria decirme que no toda la música provoca la misma reacción en todas las personas. Cierto. Dejando de lado la percepción individual, no sentirá lo mismo un occidental – o un no-occidental occidentalizado – que un masai al escuchar una sinfonía de Bruckner o una música ritual de tambores. Pero en el fondo ambas músicas son lo mismo: sonidos que transmiten una emoción.

Placa de la sonda espacial Pioneer XI (clic en la imagen para +info)

Después de mucho tiempo dandole vueltas al asunto llegué a la conclusión de que todo esto ocurre por dos razones:

En primer lugar porque la música puede ser explicada como un fenómeno científico: matemáticas y física en acción. Y desde  los primeros tiempos de nuestra especie nos han fascinado este tipo de fenómenos.

En segundo porque todas las culturas desde tiempo immemorial han utilizado la música como vehículo para provocar y/o transmitir estados de ánimo. Por este motivo ninguna música nos resulta extraña y podemos sentirla. Sin necesidad de idiomas.

Sistemas Representacionales (II)

(Viene del artículo anterior)

Como era de esperar, en la práctica de un instrumento también nos guiamos por patrones creados a partir de los sistemas representacionales. Y resulta muy sugestivo pensar en ello para intentar utilizarlo de una manera consciente.

Asimilar conceptos técnicos en el estudio de nuestros instrumentos no es nada fácil, basicamente porque los conceptos con los que describimos las características de la música son casi en su totalidad abstractos y necesitamos metáforas para hacerlos comprensibles. Ejemplos de ello serian: tocar duro o blando; sonido centrado, brillante, oscuro; etc…

Todas estas cualidades son prestadas de otros ámbitos: ¿cómo puede un sonido ser brillante u oscuro, acaso lo vemos? Claro que no, pero tenemos tan interiorizado qué significa tocar brillante que estamos pensando el sonido -algo que se oye- como si lo pudieramos ver. Porque en realidad lo estamos visualizando en nuestra mente.

En este sentido los instrumentos de cuerda parten con cierta ventaja: por ejemplo, pueden comprobar visualmente cuanto arco les queda mientras tocan una nota, pero ¿cómo constata un músico de viento por cuanto tiempo más podrá mantener una nota? Podrá visualizar una metáfora relacionada con el resultado que desea, imaginando -por ejemplo- un globo que se desinfla poco a poco, pero solo es posible apreciarlo a través de sensaciones corporales, como el volumen de la caja torácica o la tensión de la musculatura abdominal. Por eso es tan importante cantar. Además, hay que prestar atención al sonido resultante para verificar que esa sensación produce ese sonido y fijarlo en nuestra mente para hacerlo igual la próxima vez; si es lo que queremos.

Sistemas Representacionales (I)

¿Cuantas veces nos ha pasado que intentamos explicar algo que nos parece muy evidente y resulta que la otra persona no nos ha entendido?

Que cada persona se crea su propio mapa interior para orientarse en el mundo no es ninguna novedad. Es una de aquellas cosas que sabemos pero no solemos tener presentes.

La Programación Neurolingüística (PNL) ha estudiado la manera como creamos nuestros patrones mentales, y llega a la conclusión que lo hacemos mediante tres modos o sistemas representacionales:

  • Visual: Pensando con imágenes.
  • Auditivo: Pensando con sonidos, voces, ruidos.
  • Cinestésico: Representando los pensamientos como sentimientos internos o sensaciones físicas.

Cada uno de estos modos de creación de patrones tiene sus propios matices. La imagen fija o en movimiento, en color o en blanco y negro; el volumen o el timbre de los sonidos y la intensidad de los sentimientos o sensaciones son algunos de los aspectos que pueden variar dependiendo de la persona y la situación.

 

Aunque la tendencia es que uno de ellos sea el principal, todos utilizamos los tres sistemas representacionales y lo hacemos de distinta forma dependiendo de la situación concreta. Es más, en nuestra vida diaria repetimos patrones que incluyen los tres sistemas representacionales inconscientemente.

(continuará…)

 

 

¿Qué quieres demostrar?

Sala anexa al escenario. Los músicos calientan, la mayoria de ellos con ejercicios técnicos, otros con pasajes de repertorio. De repente, uno imita a un compañero de sección, pero tocando mucho más fuerte y mirandole desafiante.

Todos hemos vivido en alguna ocasion una escena parecida, en la que un colega (o varios) busca desesperadamente ser el centro de atención con el objetivo de provocar la admiración y/o aprobación de la concurrencia.

Es verdad que cierto grado de competitividad es positivo para motivarnos. Marcarnos un objetivo concreto es importante para poder focalizar nuestros esfuerzos en una dirección, de manera que no terminemos dispersandonos tanto que no sabemos qué estamos haciendo. A veces nos cuesta marcarnos una meta nosotros mismos y alcanzar el nivel del compañero puede servirnos de motivación y objetivo para mejorar.

Mirarse al espejo

Pero tan importante como la competitividad y alcanzar objetivos es ser capaz de motivarse a uno mismo sin necesidad de compararse con los demás. Para motivarnos a nosotros mismos lo primero que necesitamos es conocernos: saber cuales son nuestras fortalezas y debilidades, las cosas para las que tenemos facilidad y las que nos cuestan, lo que nos gusta estudiar y lo que no…. Y a partir de ahi intentar mejorar para sentirnos felices y satisfechos con nosotros mismos.

Si  estamos siempre pendientes de demostrar a los demás cuanto sabemos y que bien tocamos, a la larga podemos caer en la necesidad constante de comparación y en ciertas prácticas poco agradables que nos pueden acabar perjudicando.

Vox Profundae #1

Traduzco a continuación un artículo del tubista neoyorkino TubaJoe que considero muy interesante. Al mismo tiempo, aprovecho la ocasión para agradecerle al autor el entusiasmo, las facilidades y la ayuda prestada para la traducción del texto.

NOTA: En el artículo original, el autor utiliza la expresión Musical Opinion para referirse  -según su propia definición- al hecho de  tomar mentalmente decisiones musicales mientras tocamos; también podria usarse Musical Decision para referirse a ello. Tras barajar varias opciones, he optado por traducirla como Criterio Musical (refiriendonos a una ya mencionada  decisión activa y consciente), por ser la que considero más próxima tanto a la lengua castellana en cuanto a la naturalidad de la expresión como a su sentido original.

Vox profundae

 

Para que la música pueda existir en el espacio físico (fuera de nuestro cuerpo), primero debe residir en nuestras cabezas.

Criterio Musical.

Afortunadamente, hay una manera muy natural de comunicar ese Criterio Musical; simple y orgánica:

Cantalo.

Cantar conecta y comunica directamente nuestro Criterio Musical desde dentro de la cabeza hacia fuera de ella. Esta conexión se realiza de manera inmediata y segura. No hay opción de cometer un error; lo que piensas, suena. No hay variantes.

Es imperativo CANTAR como el primer paso para aprender a tocar un instrumento de metal, a cualquier nivel, ya que cantar es, en esencia, el resultado físico del desarrollo del Criterio Musical. Cantar puede guiar la ejecución musical (¡y es la manera más eficiente de hacerlo!).

A menudo aconsejo a grupos, y si todavia no conocen mis métodos, al principio se extrañan porque les hago cantar gran parte del tiempo. (Espera, ¿eso no es mi espectáculo?)

Por alguna razón, cantar está visto como una cosa de friquis, de pardillos. Algo que conviene esconder…secundario…esta actitud es realmente desafortunada.

Cantar (y cualquier forma de interpretación) debe ser primario, orgánico ¡¡¡e imprudentemente deshinibido!!!

Una de las personas más dinámicas que he conocido fue mi primer profesor de tuba en la facultad, Jack Robinson -un auténtico bajo profundo-. Le gustaba tanto cantar como tocar la tuba – y todo debia ser en un estilo romantico, profundamente cantado-. Su voz, potente cuando cantaba, me causó un gran impacto y dejó una profunda huella en mi.

Algunos años más tarde hice el peregrinaje a Chicago para poder estudiar un poco con el Maestro Jedi de los instrumentos de viento, el tubista Arnold Jacobs. ¿Adivinais que estuvimos haciendo durante la primera clase entera…? Exacto, ¡¡¡CANTAMOS!!! ¡¡Mr. Jacobs, ya entrado en años y demasiado débil hasta para abrir el pestillo de la puerta de su estudio, podria haber agitado el brazo y cantar con la grandeza de Ezio Pinza!! Rebosaba música…y le fluía desde dentro. Era obvio que su esencia musical más elemental le dictaba absolutamente todo.

Me costó lo mio darme cuenta de que aquello no era algo teatral, sino un entrenamiento para lograr la maestría musical; para hacer funcionar las cosas correctamente.

Parte de la grandeza del planteamiento de Mr. Jacobs era (re)aprender a ver las cosas como lo haria un niño… un niño SIEMPRE cantando! A los niños les entusiasma cantar espontaneamente -es algo completamente inherente e instintivo…al nivel más puro y elemental-.

Melodia inherente, afinación inherente, idea inherente, concepto inherente, SENSACIÓN inherente. Si. Cantar es el “carpe diem musical”.

Sing2.0

Cuando cantamos las cosas antes de tocarlas no hay dudas de cómo transformar la idea que tenemos en acciones mecánicas para hacer sonar el instrumento (como tirar el aire, colocar la embocadura, etc…), aparece casi automáticamente. Es así de simple. Guíate con una idea, con criterio.

Si puedes cantarlo, es (mucho más) fácil tocarlo. Y lo contrario, si no puedes cantarlo probablemente tampoco podrás tocarlo.

Trabaja TODO cantandolo…deja que te guíe, y deja que te dicte TODOS los demás aspectos!!

Vox Profundae #1

Traduzco a continuación un artículo del tubista neoyorkino TubaJoe que considero muy interesante. Al mismo tiempo, aprovecho la ocasión para agradecerle muy gratamente al autor el entusiasmo, las facilidades y la ayuda prestada para la traducción del texto.

NOTA: En el artículo original, el autor utiliza la expresión Musical Opinion para referirse  -según su propia definición- al hecho de  tomar decisiones musicales mentales mientras tocamos; también podria usarse Musical Decision para referirse a ello. Tras barajar varias opciones, he optado por traducirla como Criterio Musical, por ser la que considero más próxima tanto a la lengua castellana en cuanto a la naturalidad de la expresión como a su sentido original.
 
 

Vox profundae

 

Para que la música pueda existir en el espacio físico (fuera de nuestro cuerpo), primero debe residir en nuestras cabezas.

Criterio Musical.

Afortunadamente, hay una manera muy natural de comunicar ese Criterio Musical; simple y orgánica:

Cantala.

Cantar conecta y comunica directamente nuestro Criterio Musical desde dentro de la cabeza hacia fuera de la cabeza. Esta conexión se realiza de manera inmediata y  segura. No hay opción de cometer un error; lo que piensas, suena. No hay variantes.

Es imperativo CANTAR como el primer paso para aprender a tocar un instrumento de metal, a cualquier nivel, ya que cantar es, en esencia, el resultado físico del desarrollo del Criterio Musical. Cantar puede guiar la ejecución musical (¡y es la manera más eficiente de hacerlo!).

A menudo aconsejo a grupos, y si todavia no conocen mis métodos, al principio se extrañan porque les hago cantar gran parte del tiempo. (espera, ¿eso no es mi espectáculo?)

Por alguna razón, cantar está visto como una cosa de friquis, de pardillos. Algo que conviene esconder…secundario…esta actitud es realmente desafortunada.

Cantar (y cualquier forma de interpretación) debe ser primario, orgánico ¡¡¡e imprudentemente deshinibido!!!

Una de las personas más dinámicas que he conocido fue mi primer profesor de tuba en la facultad, Jack Robinson -un auténtico bajo profundo-. Le gustaba tanto cantar como tocar la tuba – y todo debia ser en un estilo romantico, profundamente cantado-. Su voz, potente cuando cantaba, me causó un gran impacto y dejó una profunda huella en mi.

Algunos años más tarde hice el peregrinaje a Chicago para poder estudiar un poco con el Maestro Jedi de los instrumentos de viento, el tubista Arnold Jacobs. ¿Adivinais que estuvimos haciendo durante la primera clase entera…? Exacto, ¡¡¡CANTAMOS!!! ¡¡Mr. Jacobs, ya entrado en años y demasiado débil hasta para abrir el pestillo de la puerta de su estudio, podria haber agitado el brazo y cantar con la grandeza de Ezio Pinza!! Rebosaba música…y le fluía desde dentro. Era obvio que su esencia musical más elemental lo dictaba absolutamente todo.

Me costó lo mio darme cuenta de que aquello no era algo teatral, sino un entrenamiento para lograr la maestría musical; para hacer funcionar las cosas correctamente.

Parte de la grandeza del planteamiento de Mr. Jacobs era (re)aprender a ver las cosas como lo haria un niño… un niño SIEMPRE cantando! A los niños les entusiasma cantar espontaneamente -es algo completamente inherente e instintivo…al nivel más puro y elemental-.

Melodia inherente, afinación inherente, idea inherente, concepto inherente, SENSACIÓN inherente. Si. Cantar es el “carpe diem musical”.

Sing2.0

Cuando cantamos las cosas antes de tocarlas no hay dudas de cómo transformar la idea que tenemos en acciones mecánicas para hacer sonar el instrumento (como tirar el aire, colocar la embocadura, etc…), aparece casi automáticamente. Es así de simple. Guíate con una idea, con criterio.

Si puedes cantarlo, es (mucho más) fácil tocarlo. Y lo contrario, si no puedes cantarlo probablemente tampoco podrás tocarlo.

Trabaja TODO cantandolo…deja que te guíe, y deja que te dicte TODOS los demás aspectos!!

Escalas – e intervalos –

Los profesores siempre nos dicen que hay que practicar escalas e intervalos, pero ¿por qué?

Si nos fijamos bien, toda la música está escrita a partir de escalas e intervalos. Es más, si aún prestamos más atención nos daremos cuenta de que las escalas están hechas a partir de intervalos. Eso significa que practicar escalas nos ayudará a tocar cualquier pieza con mucha mayor agilidad y menos esfuerzo.

Practicar escalas ayuda a que nuestra mente se coordine con nuestro cuerpo:

Justo antes de tocar una escala pensamos en ella: que forma o patrón tiene (cromática, Mayor, menor o de otro tipo; ascendente y/o descendente; por grados conjuntos o con saltos entre notas, etc…), también pensamos en cómo tiene que sonar, la digitación que tendremos que usar, cómo tendremos que tirar el aire, etc… Todo esto lo hacemos de una manera inconsciente y casi instantánea, en los mejores casos en milésimas de segundo.

Cuando empezamos a tocar la escala ponemos en práctica todo lo que hemos estado pensando. Nuestro cerebro envia órdenes a nuestro cuerpo: coge aire, empieza a soplar, mueve estos dedos, ahora éstos… y al mismo tiempo está pensando en el patrón de la escala para no equivocarnos de nota.

Si es la primera vez que tocamos una escala nuestro cerebro estará tan pendiente de seguir el nuevo patrón que tardará más en dar órdenes al cuerpo. Por eso nos cuesta tanto tocar una escala nueva o leer a primera vista una partitura.

El caso es que la siguiente vez que toquemos esa escala nuestra mente recordará todo el proceso que hizo la primera vez, y podrá estar mucho más relajada y pendiente de dar órdenes a nuestro cuerpo. La tercera vez incluso podremos empezar a pensar en otras cosas mientras estamos tocando. Al final, llegará un momento en que podremos tocarla automáticamente, sin necesidad de pensar.

A partir de entonces, cada vez que nos aparezca esa escala (o una parte de ella, o una variación) en una partitura, nos resultará muy fácil tocarla.

Escalas – e intervalos –

Los profesores siempre nos dicen que hay que practicar escalas e intervalos, pero ¿por qué?

Si nos fijamos bien, toda la música está escrita a partir de escalas e intervalos. Es más, si aún prestamos más atención nos daremos cuenta de que las escalas están hechas a partir de intervalos. Eso significa que practicar escalas nos ayudará a tocar cualquier pieza con mucha mayor agilidad y menos esfuerzo.

Practicar escalas ayuda a que nuestra mente se coordine con nuestro cuerpo:

Justo antes de tocar una escala pensamos en ella: que forma o patrón tiene (cromática, Mayor, menor o de otro tipo; ascendente y/o descendente; por grados conjuntos o con saltos entre notas, etc…), también pensamos en cómo tiene que sonar, la digitación que tendremos que usar, cómo tendremos que tirar el aire, etc… Todo esto lo hacemos de una manera inconsciente y casi instantánea, en los mejores casos en milésimas de segundo.

Cuando empezamos a tocar la escala ponemos en práctica todo lo que hemos estado pensando. Nuestro cerebro envia órdenes a nuestro cuerpo: coge aire, empieza a soplar, mueve estos dedos, ahora éstos… y al mismo tiempo está pensando en el patrón de la escala para no equivocarnos de nota.

Si es la primera vez que tocamos una escala nuestro cerebro estará tan pendiente de seguir el nuevo patrón que tardará más en dar órdenes al cuerpo. Por eso nos cuesta tanto tocar una escala nueva o leer a primera vista una partitura.

El caso es que la siguiente vez que toquemos esa escala nuestra mente recordará todo el proceso que hizo la primera vez, y podrá estar mucho más relajada y pendiente de dar órdenes a nuestro cuerpo. La tercera vez incluso podremos empezar a pensar en otras cosas mientras estamos tocando. Al final, llegará un momento en que podremos tocarla automáticamente, sin necesidad de pensar.

A partir de entonces, cada vez que nos aparezca esa escala (o una parte de ella, o una variación) en una partitura, nos resultará muy fácil tocarla.